lunes, 25 de junio de 2018

"La chica olvidada", de Noelia Lorenzo Pino. ¡Y FELIZ VERANO!



Noelia Lorenzo Pino nació en Irún en 1978, estudió Formación Profesional y es profesora de corte y confección. 

Noelia Lorenzo Pino
Aunque su carrera profesional está ligada al mundo de la moda en el que trabajó desde los 17 años (-en 2006 abrió su propia empresa de moda con su hermana, que la crisis le obligó a cerrar en 2010-), desde pequeña descubrió su pasión por la escritura (-en particular, por la novela negra-), por lo que, paralelamente, ha dedicado parte de su tiempo a escribir y siempre con muy buenos resultados. Ya con 18 años escribió su primera guión de teatro.

He leído sobre ella que la calle es su mejor fuente de inspiración, que no tiene teléfono móvil, que le encanta la libertad y la privacidad, además de confesarse "adicta a la novela negra y muy cinéfila", y que ha llegado a llorar al "cargarse" a alguno de sus personajes.

Según ella, "es muy importante que una novela tenga alma. Profundizo en cada uno de ellos y así el lector puede empatizar fácilmente".

En 2013 publicó su primera novela, "Chamusquina", y en 2015,  "La sirena roja", en la que aparecen los agentes de la Ertzaintza Eider Chassereau y Jon Ander Macua (-afirma que le gustaría que este último personaje lo interpretara algún día Javier Bardem, caso de llevarse al cine-).

Pues bien, ambos son unos investigadores que vuelven a salir en esta novela que nada tiene que ver con las anteriores.

La relación entre ellos dos, hombre y mujer, a mí es la más interés me ha suscitado. La definiría como una mezcla de camaradería, amistad, complicidad, afecto, empatía, e incluso amor entendido en el amplio sentido de la palabra. Son dos personas que se entienden sin palabras, que se preocupan por el otro sin preguntarse y que se hacen fácil la vida sin esforzarse.

Más de una vez he dicho que la novela negra no figura entre mis géneros literarios favoritos; sin embargo, esta novela me tuvo en vilo hasta el final. Para ser sincera, en las primeras páginas me pareció estar ante un género juvenil, pero en ningún caso es así. Me ha tenido enganchada de principio a fin.

Del argumento tan solo diré que, con catorce años de diferencia, se suceden los crímenes de dos chicas y son los susodichos agentes (Eider y Jon Ander) los que acaban resolviendo los casos y dando con los culpables. Son ellos los que saben encajar las piezas de un gran puzzle por lo sospechoso que les resultan algunas semejanzas entre los sucesos y porque hay personas comunes en los entornos más cercanos de ambas desaparecidas. 

Es tal el entramado de personajes y tan reales las situaciones que se plantean que llegas a sentir una pequeña punzada con cada palo que reciben y un pequeño respiro con cada buena nueva que les llega.

Todo ello narrado de una forma impecable y con la pertinente dosis de tensión que da credibilidad a la historia. 

Acabaré con palabras de la propia autora: "hay que leer mucho, dejar volar la imaginación, sentir cada capítulo, echarle muchas horas y tener autocrítica", así como con una frase de Benedetti que resumiría muy bien el núcleo principal de la novela: 




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Yo espero que no me olvidéis aunque ponga el blog en "modo vacaciones" hasta septiembre...

¡Que paséis un feliz verano 
todos y cada uno de vosotros!


miércoles, 6 de junio de 2018

Un chico de palabra

 
Aparentemente formaban una extraña pareja. Ella, Noor, es argelina, de piel tostada y larga melena negra. Él, David, parece híbrido; diríase que español y sueco a la vez pues tiene tez morena y cabello rubio.
Cuando Cupido les lanzó su flecha con fuerza no sabían que su amor, ni de lejos, iba a ser sempiterno.

La madre de Noor andaba unos días muy preocupada y, necesitando desahogo, me confesó entre lágrimas que su hija le había pedido emanciparse para así poder hacer su vida y que su marido desconocía esa relación.
Temía que, fuera de su manto protector, llegara a suceder algo que a él le enfureciera dado el fuerte carácter que tenía.

Le aconsejé que se enteraría más pronto que tarde y que lo correcto sería contárselo.

Fue entonces cuando ella, Khadidja (madre de Noor), decidió invitar a David a cenar. Lo organizó todo a la perfección a fin de que su marido fuera asimilando que la niña pronto saldría del nido.

El muchacho les pareció bueno, los trató con mucho respeto e hizo gala de una exquisita educación, tanto que Ahmed, que así se llamaba el padre, quedó encantado con él.

La sorpresa llegó al final de la cena cuando, con un té entre las manos y mirándoles a los ojos, David les dijo que quería convertirse al Islam.
Todos se quedaron perplejos, pero rápidamente se dieron cuenta de lo rotundo y serio de su afirmación.
No se equivocaron. El chico se convirtió y ello les hizo pensar que su niña estaba con un hombre de palabra.

Hoy, un año después, Noor y David han roto su relación.

Él le ha dejado una nota en la que le dice que va a contar a su padre que han mantenido relaciones sexuales, sabiendo la extrema importancia que la religión islámica concede al tema de la virginidad.
Le pide, a cambio de tener la boca cerrada,  unos cuantos miles de euros que Noor no tiene.
Como el chico era y es de palabra, ha decidido ya llevarla a término.
 



339 palabras

Reto de la Comunidad Relatos Compulsivos: 
Palabras a emplear: "híbrido, "emancipar" y "sempiterno".

¡He obtenido el 3r puesto!

Este es el bonito póster que Sue
organizadora de la Comunidad,
 ha elaborado para mí:


lunes, 21 de mayo de 2018

¿Ilusa o esperanzada?


Me llaman ilusa porque me dejo engañar con facilidad y tiendo a hacerme ilusiones sin fundamento, pero creo que simplemente soy alguien que se pasa la vida esperando.

Por ejemplo, me alimenta la esperanza de escuchar alguna palabra de agradecimiento o, aunque sea, algún pequeño indicio del mismo cuando tengo algún detalle con alguien; anhelo un perdón por el tono agresivo con el que se me habló, o que me musiten un "ya pasó" después de aquella fase convulsa que hubo en mi relación y por la que me disculpé.

Soy alguien que aguarda pacientemente que le envíen ese texto que le dijeron, que le comenten aquel que envió y que le mencionen en algún asunto en el que algo tuvo que ver.
Me esfuerzo por llegar siempre a tiempo pero también me gusta que los demás lo hagan.

También soy de las que confía en que ese vecino que no me habla cambie de parecer en algún momento así como que, al cabo de unos días de fallecer un amigo, me pregunten cómo estoy.
Me ilusiona abrir algún regalo por Reyes, recibir una rosa por San Valentín o una felicitación por mi cumpleaños.

Algunas veces me encandilan simples nimiedades como: que me devuelvan una llamada, que suene una voz amable al otro lado del teléfono, que me digan lo buena que estaba la tarta que hice con cariño o que me noten un cambio en el peinado.

Me fascina que se anticipen a mis deseos, que llegue rápida una reconciliación tras un enfado o que se reanude aquella conversación tan interesante que se quedó a medias.

Sin embargo, en otras ocasiones, se trata de cosas de más enjundia: sueño con que nunca se marchen los míos (o aquellos a los que quiero), y fantaseo con que se cumpla la promesa que me hicieron un día al regalarme medio corazón de madera y que, desde hace años, guardo en mi joyero.

Pensándolo bien, igual deberían desdoblar en el diccionario la acepción que hay de la palabra "ilusa" y figurar mi nombre en una de ellas.

lunes, 7 de mayo de 2018

Formas de vivir

 

Se había comprometido consigo misma a ser feliz, a cuidarse, respetarse y amarse todos los días de su vida hasta que la muerte la separase de ella.

Eso le otorgaba cierto carisma a los ojos de los demás porque mientras estos se dedicaban a lidiar con sus quehaceres domésticos y al cuidado de sus hijos, veían que ella tenía tiempo no solo para trabajar sino también para viajar, ir de tiendas y gastar en caprichos e ir a fiestas en las que podía conocer a personas que le enriquecían intelectualmente.
Por supuesto, siempre luciendo sus mejores atuendos y haciendo gala del delicioso don de gentes con que la naturaleza la había dotado.
La envolvía , por añadidura, un halo de misterio que muchas mujeres (y hombres también) envidiaban en secreto.

Pero ella, todas las noches al acostarse analizaba su jornada y, pese a darse cuenta de que no seguía la corriente de nadie ni comulgaba con "dimes y diretes" (como hacían, generalmente, todos sus compañeros, amigos, vecinos y familiares), había una cosa que la desvelaba hasta que, tras barajar todas las posibilidades a su alcance, tomó la decisión que le pareció más adecuada y que sus allegados consideraban poco menos que constitutiva de delito, dada la libertad de que disponía: ingresar a sus padres en una residencia geriátrica debido a los males que les aquejaban.

Los cuidados que ellos necesitaban y merecían los podía prestar sin ningún tipo de dificultad el personal especializado del centro (sanitarios, fisioterapeutas...), pero lo que nadie podía darles es lo más grande que ella tenía y que volcaba en ellos a diario: el amor con el que se llenaba haciendo continuamente lo que le placía.

279 palabras


Reto de la Comunidad Relatos Compulsivos: 
Palabras a emplear: "carisma", "añadidura" y "constitutivo" (propuestas por el anterior ganador, el compañero Francisco Moroz).


¡He obtenido el 2º puesto!

Este es el bonito póster que Sue
organizadora de la Comunidad,
 ha elaborado para mí:


miércoles, 25 de abril de 2018

"Misión Olvido" de María Dueñas

Se trata de la segunda obra de María Dueñas, nacida en Puertollano (Ciudad Real) en 1964.
Es Doctora en Filología Inglesa y profesora titular en la Universidad de Murcia, actualmente en excedencia.
A lo largo de su carrera profesional ha impartido docencia en universidades norteamericanas y participado en múltiples proyectos educativos, culturales y editoriales.

María Dueñas

Su primera novela, "El tiempo entre costuras", de la que se han realizado 38 ediciones, ha superado el millón de ejemplares vendidos y sus derechos han sido cedidos para traducciones a 27 países.
Este libro me gustó muchísimo a pesar de ser, en mi humilde opinión, menos real que "Misión Olvido".

Precisamente fue en Valencia, en octubre de 2012 donde presentó ésta, su segunda novela.

A pesar del título, la escritora dijo en ese momento que "el olvido no sirve de nada, el olvido por el olvido no lleva a ningún sitio. Las cosas hay que dejarlas convenientemente cerradas y bien cosidas para evitar que aparezcan los fantasmas del pasado".

He leído que quiso garantizar en esa presentación que en ningún momento "Misión Olvido" formó parte de su vida personal, declarando: "Me encuentro en otro tipo de misión; misión futuro, ésta es una etapa muy bonita donde acompaño a mi libro y escucho la opinión de los lectores. Prefiero no olvidar, al revés, vivir la promoción con toda su intensidad".

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"A veces la vida se nos cae a los pies con el peso y el frío de una bola de plomo"

Y así es cómo empieza esta novela de 512 páginas, ambientada en los años cincuenta de España.

Blanca Perea es una profesora que emprende un viaje que, en realidad, es más bien una huída precipitada de su hogar al quedar truncada su vida cuando su marido la abandona por una chica más joven a la que deja embarazada (-no descubro nada, esto se sabe ya en las primeras páginas del libro-). 

Ella, con dos hijos ya veinteañeros, se marchará a la Universidad de Santa Cecilia, en California, donde se centra en un proyecto que muchos están intentando parar: que se construya en un paraje natural un centro comercial. A la vez, será la encargada de estudiar los escritos de Andrés Fontana, un profesor español muerto hace años en un accidente, porque "el simple hecho de poder constatar que aquello había sido terreno misional, sometería a la zona a un especial tratamiento legal".

Conocerá a quién la seleccionó para esa misión otorgándole la beca: el carismático Daniel Carter, una de las figuras con más solvencia intelectual allí; a su director, Luis Zárate, con el que Carter parece tener sus más y sus menos (muy interesantes); a su compañera de departamento Rebecca Cullen, a la que considera persona con muy buen fondo, generosa, compasiva y honesta; la perturbada, retorcida y provocadora anciana Darla Stern; y, por último, a su hija Fanny, "con mente siempre a pasito de caracol".
Todos ellos son personajes muy bien perfilados con la impecable prosa de María Dueñas, sin excesos ni florituras. 

En la novela se hacen también alusiones a todos aquellos emigrantes que forjaron la región y a los franciscanos que fundaron las misiones. Hasta se habla del escritor español Ramón J. Sender (que fue estudiado por Carter, a instancias precisamente del profesor Fontana).

Está narrada en primera persona por Blanca, absoluta protagonista de la historia.

Ya
sabéis que suelo contar poco del argumento, por lo que tan solo añadiré que me resultó un poco lenta al principio con toda la organización del legado de Fontana (-dejando ver los entresijos de una universidad, lo cual sí me resultó interesante porque me hizo evocar mis tiempos de universitaria-), pero adquiere un ritmo apasionante cuando se entrecruzan los personajes de Carter, Zárate, Cullen y la señora Darla.

E
n cuanto al nombre de la novela, en un principio pensé que se titulaba así porque es lo que Blanca emprende respecto a su vida personal: la imprescindible misión de olvidar. 

Pero una vez metida de lleno en la trama se llega a saber que una de las presuntas misiones fundadas por los franciscanos en aquellos terrenos de los que antes hablaba (-para evangelizar a la población-) tuvo ese nombre, misión Olvido (de Nuestra Señora del Olvido), por lo que pudiera entenderse que el título de la novela tiene ese doble sentido. 

Rescato algunas frases, como siempre, que me llamaron la atención (-son muchas y os libero de leerlas. Yo las transcribo para que queden reflejadas en mi blog y no queden simplemente subrayadas en mi libro-):

  • "El tiempo había separado nuestros caminos y quizá el músculo de la cercanía había perdido vigor".
  • "Intentaba encontrar una mota de coherencia en medio de la confusión (...) con la boca y manos limpias, el estomágo vacío, la mente en orden y el corazón seco".
  • "Traducciones sobre la mesa de la cocina aliñadas con más imaginación que rigor".
  • "Le habló de trigonometría, declinaciones y empeño; de poetas, fórmulas químicas y tesón. De ecuaciones y sintaxis, de entereza".
  • "Quizás no estaba tan sola como creía. Quizá la solución pasaba por llenar mi vida con otros afectos en vez de seguir lamentando los perdidos".
  • "Embaló los sentimientos junto con las emociones y los almacenó en la trastienda del pensamiento".
  • "Es sano desatascar las cañerías de la memoria y terminar de hacer las paces con todo lo que quedó atrás".
  • "Le pareció que durante la mitad de la mitad de un segundo, sus dedos llegaron a rozarse".
  • "Tal vez por ese cable de auxilio que la lucidez nos echa de tanto en tanto cuando estamos al borde del precipicio".
  • "Dicen que la compasión es un síntoma de madurez emocional, no es una obligación moral ni un sentimiento que nazca de la reflexión. Simplemente es algo que, cuando llega, llega".
  • "Lo efímero de la felicidad, la simpleza brutal con que los zarpazos del destino son capaces de llevarse por delante lo que creemos duradero e ilusamente establecido".
  • "A duras penas ató cortas las ganas de besarla".
  • "Continuó desoyendo a sus escrúpulos. Ya tendría tiempo de hacer las paces con ellos".
  • "Eran una raya en el agua. A nadie le interesaban".
  • "Esa erosión emocional de la que creía estar ya recuperándome y a la que había regresado de golpe sin haber tenido siquiera tiempo para abrir un paraguas o ponerme a cubierto del temporal".
  • "Me acurruqué junto a él para hacerle compañía mientras cada uno ajustaba cuentas con sus propios demonios".
  • "Sobre la habitación se extendió una lámina de silencio denso, hasta que Luis la rajó".
  • "El reparto de talentos siempre fue arbitrario, a nadie le dieron a elegir".
Acabo con ésta que consta en el prólogo de la novela y que comparto:
"Una novela luminosa, un tributo a las segundas oportunidades, la reconciliación y la reconstrucción". 

Tal y como le dijo Daniel Carter a Blanca
"Al final te vuelves a abrir a la vida, avanzas, progresas".

Y como acaba diciendo la autora en sus agradecimientos, en la última línea del libro: 
"Lo mejor de la vida, 
muchas veces, 
todavía está por llegar".

viernes, 13 de abril de 2018

Mi viaje a Turín


Ciao amici, sono già tornato da Torino.
È stato un grande viaggio perché è una città meravigliosa 
e la compagnia è stata molto piacevole.

Supongo que esto no os ha resultado difícil de entender.

Lo que es la climatología estuvo de nuestra parte, ya que hizo sol todos los días, excepto una tarde en la que cayó lo que se dice "agua misericordia". Pero...¿conocéis esa frase que dice "algunas personas sienten la lluvia, otras solo se mojan"? Pues yo, allí especialmente, la sentí. No fue óbice para que paseara con M. y P., las amigas con las que viajé, bajo la inmensa cantidad de arcos que rodean todas las plazas y en los que se encuentran muchas tiendas, cafeterías, restaurantes, galerías...


Callejeamos todo lo que pudimos y más, de punta a punta de la ciudad, cuya panorámica pudimos ver desde las alturas, desde la famosa La Mole Antonelliana que es su principal símbolo arquitectónico. Se llama así porque fue construída (entre 1863 y 1888) por el arquitecto Alessandro Antonelli.




Había mucha cola (-que hicimos bastante entretenidas, por cierto-) para poder subir mediante un ascensor a lo alto de la misma.

Al bajar visitam
os el Museo Nazionale del Cinema que está dedicado a la historia del cine italiano e internacional, inaugurado en el año 2000 y que tiene una superficie de 3200 metros cuadrados.
 
 














Quedé impactada de todo lo que allí vi, desde el nacimiento del cine hasta la época más reciente. Todo un espectáculo para los sentidos el estar tumbada en unas butacas "chaise longue" que tenían unas orejeras desde las que salía el sonido de las imágenes reflejadas en una pantalla inmensa. Era como un cine gigante con grandes butacas separadas unas de otras.

 













Cambiando de tercio, que la Sábana Santa (-que la Iglesia nunca ha declarado que sea el verdadero sudario de Jesucristo-) sigue siendo un misterio y la reliquia más valiosa y estudiada del mundo es lo que descubrimos al visitar la Catedral de San Juan Bautista
El Papa Francisco rezó ante ella durante su visita en 2015 y dijo: "La Sábana Santa atrae hacia el rostro y el cuerpo martirizado de Jesús y, al mismo tiempo, hacia el rostro de cada persona que sufre o es perseguida injustamente. Puede que no sea una reliquia oficial, pero la Iglesia actúa como si lo fuera (...). El semblante tiene los ojos cerrados, es el rostro de un difunto y, sin embargo, nos mira de un modo misterioso y nos habla en el silencio".

Se trata de una pieza de lino de 4,32 metros de longitud y 1,1 de ancho que tiene impresa la parte frontal y la dorsal de un hombre. Ahora un nuevo hallazgo ha concluido que el tejido de la reliquia estuvo en contacto con sangre humana. En concreto, con una persona que fue torturada.
 
En cuanto al tema de la gastronomía, he de confesar una vez más que la comida italiana es mi favorita y, salvo una noche en que una pizza Mediterránea, en un típico restaurante, nos resultó picante hasta la médula (-ignoramos aún qué ingrediente era el causante de esto-), todo lo que degustamos allí fue exquisito. 

Los famosos gelatos Grom, creatos in Italia, con ingredienti di origine naturale, senza aromi, senza coloranti, senza emulsionanti... para una golosa como yo fueron una auténtica delicia, como también lo fue el chocolate típico, llamado Gianduia (tipo Nutella).

Y qué decir de los vermuts. Tomamos varios, pero el más espectacular fue en un local llamado "Farmacia" (con aspecto de tal), en su terracita.

Como no,
también probamos "SU" pasta en otro lugar, digamos que muy singular. Y si empleo este calificativo es por lo que os voy a contar.


Era una especie de pequeño y acogedor restaurante, con una zona de aspecto más bien chill out y nosotras tres éramos las únicas clientes del local esa noche.  

Al lado de nuestra mesa había un piano, sobre el que reposaba la foto del dueño (de más joven, -pues aún lo era-; yo le reconocí en seguida...) pero en el momento de pedir la cuenta fue cuando llegó el atraco. Qué digo atraco... ¡fue un secuestro en toda regla!

Llegó un hombre regordete, con gafas y poco pelo, que se nos presentó, se sentó al piano y empezó a tocar "Amapola, líndisima amapola..." (-nosotras le hicimos los coros-), siguió con "Angelitos negros", y continuó con "Amor, amor...nació de ti, nació de mí...", y "Colegiala"...y...y... de repente, se saca de una mochila un Cd... (-ingenua de mí creía que nos lo iba a regalar-) y nos dice que le digamos una canción del mismo para que la toque.
Paolo
 
Y fue M. quien le señaló una titulada "Je t'aime" (-yo no leía nada entre lo oscuro del local y lo chiquitina de la letra), y luego me preguntó a mí cómo me llamaba. Se lo dije y me dedicó una titulada "Regard", que nuuuuuunca llegaba a su fin.

M. ya estaba con el pomo de la puerta en la mano, P. aposentada tan tranquila como si estuviera en su casa y yo, a medio camino entre las dos, me di cuenta cómo un único hombre (-que había entrado mientras Paolo tocaba y que parecía asiduo al local-) cogía la carta de los menús con las dos manos y se tapaba la cara. Es que se acercaba el momento apoteósico: el de pedirnos 10 € por el Cd.
Le dijimos (-como supimos y pudimos-) que no, y él insistiendo en que le echáramos alguna moneda en el bote, pero no teníamos ni una (en "nuestro" bote no quedaban). ¡Qué vergüenza, por Dios! 

Camarero
En otro restaurante, el camarero solo hacía que guiñarle el ojo a M., que se empezó a poner nerviosa porque era su mujer la que nos atendía y parecía estar muy pero que muy "al loro". 

Y en otro que entramos (tanto por lo bonito que resultaba desde el exterior como porque había bastante gente), lo primero que vimos fue a una delgada camarera rubia de espaldas. 
Camarera
Cuando se giró me pareció Terele Pávez en "Las brujas de Zugarramurdi", pero en rubio.
Terele Pávez

La cuestión es que, tras hacerle lo que llamamos una "escuchita" al chico que se encontraba tras la barra, nos hizo ademán de seguirla. Fue entonces cuando  P. nos susurró al oído: "Creo que de aquí no vamos a salir vivas". Fue surrealista. Nosotras pedimos lo que queríamos cenar y ella sacó lo que le dio la gana (-entre otras cosas, la tabla de embutidos de la foto, con un queso derretido sobre un papel aluminio y que nos quedamos mirando como si fuera una sarta de grillos antes de que nos entrara la risa-).

En
fin, que anécdotas tuvimos un montón. Eso por no hablaros de un chico negro guapísimo, guardia jurado de unas perfumerías en las que probamos todo lo habido y por haber con tal de yo hacerle una foto  (-ya sé, como las colegialas-).
Jean Pierre y yo
En un momento dado hasta creo que por el pinganillo avisó a los de seguridad porque nos veía hacer movimientos extraños. Total, que no me corté y al final le pregunté si me podía hacer una foto con él, a lo que accedió de muy buen grado. Se llamaba (o mejor dicho, se llama) Jean Pierre.

Y bien, podría seguir hablando de la odisea para llegar al hotel desde el aeropuerto, de la rotura del asa de mi maleta con ella a cuestas, de la habitación del hotel, de su creído recepcionista, de Toni el Juventino (por ser seguidor del Juventus) y del afable taxista que nos llevó de vuelta al aeropuerto.

En resumen, ciudad encantadora y cien por cien recomendable, con encuentros memorables y sus correspondientes anécdotas que no sigo contando por no hacer tan largo este post como el conciertazo privado que nos dio Paolo.