lunes, 16 de octubre de 2017

Mis "obras de arte"

Hoy vengo con ganas de enseñaros mis "obras de arte". Las llamo así por decir algo, vamos. Obras son, pero que sean "de arte" es más discutible.

pArte I


De pequeña, en el colegio me gustaba hacer trabajos manuales y en casa, forrar cajas  y cajones con papeles preciosos, así como customizar carpetas.

Lo que con más cariño conservo de esa época es este espejo que veis a la derecha, rayado por la parte trasera, de una niña sentada en su escritorio con su gato.

De joven me dio por pintar camisetas de algodón (algunas con zapatillas de lona a juego) a las que cosía lentejuelas. Hice más de medio centenar, pero no vendí ni una, a pesar de que se me propuso llevarlas a algún comercio. 
Las regalé todas. Y dos de las que me quedaron en casa son éstas:

En Bachillerato, estudiando Dibujo Técnico, hice el que os muestro abajo:
Y más recientemente tengo el hobby de bordar nombres en mantas. Casi todos los miembros de mi familia (y también algunas otras personas) tienen su manta personalizada 'made in Chelo', incluso en su día bordé una toalla y pinté un nombre (Triana) en el arrullo de bebé que veis, para la nieta de mi amiga Elo.
Mantas personalizadas
Toalla
A mi princesa Patricia le bordé el delantal que véis, y ahora mismo estoy con la manta de arriba para Llum, la hija de mi amiga Amparo.

También me encanta componer postales o felicitaciónes, en las que me gusta ir aumentando el nivel de dificultad. Alguna os sonará:
¿Veis los nombres?

Hubo una temporada que me dio por hacer broches de fieltro, que también regalé, salvo estos 4 que hice para mí, básicamente con el que me sobró de color rojo:


Añado las fotos de dos mantelerías hechas con punto de cruz, así como un conjunto de collar y pendientes hechos con bolitas de madera:

pArte II

Pero si algún "arte", caso de tenerlo, heredé de mi madre, es el de pintar cuadros al óleo. Sé que después de enseñaros los suyos (-aquí podéis ver el post que le dediqué-), los míos no os van a decir gran cosa ya que no le llego ni a la altura del betún (y orgullosa estoy de ello), pero como algunos de vosotros me lo pedisteis al comentar aquel post, he querido complaceros.

Yo aprendí a pintar con el pintor Vicente Traver Calzada. ¿Lo conocéis? hacedme un favor: poned en Google su nombre y veréis de quién estoy hablando.

Mi padre me llevó un verano, siendo muy joven, a su estudio. 
No recuerdo exactamente de qué se conocían pero como yo tenía la inquietud de pintar, me quiso obsequiar con ese encuentro. 
Vicente Traver Calzada
De esa tarde tengo grabado el momento en que Traver nos explicaba que le gustaba mucho observar las manos de las personas, y luego las tomaba como modelo para dibujarlas o pintarlas. Recuerdo que ante esta afirmación, en un gesto automático guardé las mías y ya no las mostré en ningún momento de la conversación (de niña era todavía más ilusa que ahora y pensé que me iba a coger de modelo para pintarlas).
Que me firmó un libro, con una dedicatoria muy bonita, tampoco lo olvido.

Autorretrato, en una exposición suya
Me apunté a sus clases y pronto me dí cuenta de que Traver tenía (y tiene) un estilo muy particular. Montaba escenarios (para mí muy raros) que todos los que íbamos a aprender con él, debíamos (aunque no era ningún imperativo) pintar o dibujar. 
Una vez colocó sobre una mesa un mantel rojo, sobre el que dejó un maniquí roto medio caído y una guitarra detrás. A mí, de entrada, no me gustó mucho pero como allí todos le obedecían, no quería ser yo la discípula díscola. 

El día que toda contenta llegué con el cuadro a casa, tan pronto lo mostré, empezó mi padre: "así no, gíralo que parece que esté al revés"; continuó mi madre (más entendida ella): "pues yo creo que es horizontal, que el lienzo es modelo 'paisaje' y no modelo 'figura'"; y siguieron mis hermanos, con muchas menos contemplaciones:  "uf, pero si da miedo y todo" (aún recuerdo la cara de mi hermana arrugando la nariz).

Me enfurruñé y en ese preciso momento decidí que se acabó lo de pintar lo que Traver me ordenara cuando a mí no me gustara, por lo que le dije que yo quería ir 'por libre' si era posible.   

Le pareció buena mi iniciativa, pero no fue en balde (y orgullosa también estoy de ello). Si digo esto es porque, cuando acabé mi "obra maestra" (que luego os mostraré) me confesó que me había usado de 'conejillo de indias' para usar una técnica diferente, y que estaba muy satisfecho con el resultado.

Antes os muestro dos de los cuadros a los que más cariño les tengo de mi época más naïf:
 
También hice una copia a lápiz de mi hermano, cuando tenía él cuatro años:

Ya cuando nacieron mis sobrinos me pasé a los colorines pues me parecían más adecuados para habitaciones de niñ@s.




Y la que veis abajo es la obra maestra que antes cité, La Venus de Milos, por tres motivos: su altura (mide casi dos metros), la técnica utilizada (que no deja de ser una mezcla de carboncillo, tiza y cera sobre papel de embalaje) y el hecho de haberme puesto en manos del renombrado pintor.

La Venus de Milos
Detalle de La Venus de Milos


lunes, 18 de septiembre de 2017

Ya de vuelta



¡¡Hola mis queridos amigos blogueros!! 
Si vuelvo la vista atrás me parece una eternidad  el tiempo que hace que no estoy entre vosotros pero dije septiembre y aquí estoy de regreso a casa (una de ellas, al menos), después de unas intensas y laaargas vacaciones de las que podría contaros muchas cosas, pero que se han reducido a cumplir lo que ya os anuncié en el anterior post https://cheloferrerblog.blogspot.com.es/2017/06/hasta-septiembre.html, aunque con una novedad importante que paso a contaros.

Resulta que la última semana de las susodichas vacaciones, tanto mi hermana como cuñado y mis tres sobrinos, me propusieron hacer con ellos un viaje por el norte de España. El hotel lo reservamos en Santillana del Mar, ciudad maravillosa donde las haya y desde la cual nos fuimos moviendo por el resto de Cantabria, parte de Asturias y hasta visitamos un poquito Bilbao. 
Lagos de Covadonga

En algunos lugares yo ya había estado pero, aún así, hay cosas que no me cansaría de ver nunca como, por ejemplo, los lagos de Covadonga


También visitamos San Vicente de la Barquera, las neocuevas de Altamira, en Santander el Real sitido de la Magdalena, y otras cosas tan dispares como San Juan de Gaztelugatxe (Bermeo), que os sonará a los asiduos (yo no lo soy) a "Juego de Tronos" (foto de abajo):
¡La subida al "castillo" fue agotadora! AlgunAs se quedaron por el camino pero yo llegué arriba, si bien haciendo pausas con mi sobrino para coger un poco de resuello :

Mi sobrino Juanvi y yo



De todo, si algo me gustó especialmente fue el Parque de la naturaleza de Cabárcenoa 17 kilómetros de Santander, que para nada es un zoológico convencional ni un parque natural al uso, ya que los animales están en régimen de semilibertad y se pueden ver desde lo alto subiendo a los teleféricos. 
Baile 

Sensacional fue el espectáculo de leones marinos y en particular, el baile (en la foto de la derecha) que se marcó uno de ellos con su cuidadora. 

Cris y yo..

De curiosa tacharía la visita a una antigua Ganadería/Quesería llamada Vega de Tordín, donde nos enseñaron todo el proceso de fabricación del queso de cabrales (a mi sobrina Cris y a mí nos costó resistir el fuerte olor de granja sumado al del queso, y disimulábamos como podíamos con la excusa de que llovía y hacía frío...). 

En el Museo Guggenheim
Otra cosa que también vimos fue el impresionante 
Museo Guggenheim.

Ya el día de vuelta paramos en Soria y visitamos la ermita de San Saturio, ubicada en un paraje natural con mucho encanto al borde del río Duero. 
Patri, mi hermana, yo y Cris
Ese último día, en la comida, me dieron una gran sorpresa que quiero dejar aquí reflejada en mi blog (aunque nunca se me olvidará) y es que el viaje fue un regalo que me hacían con motivo de mi cumpleaños que está al caer.

Una vez contado todo
esto, a ver si alguien me sabe responder esto: ¿a quién vi yo en Santander? Pista infalible: amiga leonesa bloguera, que vive allí y donde da clases como profesora de Biología en un instituto.

¡Sí! Nuestra querida Rosa Berros. Quedamos una soleada, a la vez que lluviosa, mañana (allí el tiempo no se aclara) y compartimos un rato tomando un café. Nos supo a poco a ambas ya que las respectivas obligaciones imperaban, pero nos permitió ponernos al día en cosas de nuestras respectivas vidas "en vivo y en directo". ¡Qué alegría más grande tuvimos al vernos! 
Aquí os muestro una foto del momento, con la maravillosa playa de El Sardinero al fondo.
Rosa Berros y yo

Fabes con almejas
Zamburiñas
Para terminar diré que en todos los lugares comimos de maravilla, pero el premio a la exqusitez se lo llevaron las zamburiñas en un lugar de San Vicente de la Barquera, y el de la abundancia se lo llevó un restaurante llamado El rincón de Don Pelayo en Covadonga, en el que nos sirvieron en un enorme cuenco (nada de plato) unas fabes con almejas con las que yo hubiera podido pasar una semana entera.
¿Alguien quiere quesada?

Y hablando de abundancia, de Santillana del Mar me traje un montón de quesadas y sobaos pasiegos para endulzar al resto de familia y compañeros de trabajo.

Terminado el viaje y de vuelta a la realidad, si de algo no tengo ninguna duda es que, si bien me gusta viajar con amigos, como suelo hacer y también contar, no hay nada comparable con viajar con la familia.
Y hasta aquí, la crónica de mi viaje. 
Con mi hermana
Quiero que sepáis que me apetecía ya mucho volver. Ahora, poco a poco, os iré visitando a todos y poniéndome al día, ¡hasta pronto!.

Mi hermana y yo

martes, 27 de junio de 2017

¡Hasta septiembre!



Mis queridos amigos blogueros:

Ha llegado el momento en que, en lugar de navegar por estos lares, el día a día me lleva a zambullirme en otras cosas tan dispares como correr a las 20.00 p.m. por un paraje natural que tengo al lado de casa, bañarme luego en mi querido Mediterráneo (como vengo haciendo desde pequeña) o tirarme a la piscina de mi hermana (incluso vestida si el evento lo merece), jugar con mis mellizos (bueno, son de mi hermano y cuñada pero forman parte de mi vida), acompañar a Patri (mi sobrina pequeña) en su cuaderno de vacaciones, hacer barbacoas en familia o tomar cañitas con los amigos. 
Por las mañanas trabajo hasta el último día de julio y todas las tardes se me requiere para (o me inclino por) algún 'menester' de este tipo, al que accedo encantada.
Dicen que "excusatio non petita, accusatio manifesta"...
Cierto, alego todas las excusas citadas para ausentarme hasta septiembre, lo que no significa que no os vaya a echar de menos.
Espero que todos disfrutéis mucho vuestro verano y os mando hasta mi regreso un millón de besos. 

¡Gracias a todos y cada uno de vosotros por estar ahí!.