07/04/2021

Qué le voy a hacer si yo... nací en el Mediterráneo





Anoche me acosté con la idea de levantarme hoy temprano para pasear por la playa y recoger conchitas y caracolas. Hace casi un año que no lo hacía, desde que terminó el confinamiento, siendo como es una de mis aficiones favoritas. Luego con ellas completo una bonita colección que inicié hace muchos años con otras que me regalaron (fantásticas, por cierto). 

Equipada como iba yo con un saquito que pretendía llenar, pronto me di cuenta de que apenas había. Igual es que me las llevé yo todas en su día, pensé. 

El tiempo no acompañaba, la verdad, pero al menos tenía toda la playa para mí. Bueno, toda para mí no, pues pronto divisé una pareja que paseaba con un perrito. Cuando llegué a su altura, agachada como estaba contemplando la belleza de una original piedra en forma de corazón, oigo que el hombre me grita: "¡Muchachaaa, que te pilla una ola!". Y me pilló. Con agua en los tobillos, -lo que suponía zapatillas, calcetines y bajos de los vaqueros mojados-, qué más daba ya que me llegara hasta la rodilla. Si digo esto es porque atravesé una zona acuífera, ante la que ellos se detuvieron, para acceder así al otro lado de la playa. Ahora sí que era toda para mí. Bueno, tampoco. Hubiera sido toda para mí si no hubiera sido por un chico que manejaba un tractor para allanar la arena. Seguí avanzando despacito, mirando aquí y allá, abstraída en mis pensamientos, hasta que me di cuenta de que el ruido del vehículo cada vez estaba más cerca. Y tanto, como que iba detrás de mí, a mi ritmo. Yo prisa no tenía. Por un momento pensé que era yo la que estaba entorpeciendo su trabajo, me paré y le miré pero él con la mano me indicó que siguiera, que siguiera... Quizás estaba aburrido y con ganas de jugar, pero os puedo asegurar que el jornal no se lo ganó. 

Cuando ya me dispuse a volver a casa encontré un arsenal de caracolas. Llené el saquito hasta que no dio más de sí y pensé que lo mejor sería marcharme y regresar otro día a ese lugar en concreto.

Ya en casa, puse todas las conchas y caracolas en remojo para dejarlas bien limpias, como podéis ver en el vídeo de inicio. A veces las regalo, como hice ayer con una amiga, y tal vez por eso me acosté con esa idea de hoy buscar más.

Ahora estoy agotada y no es para menos, ¡habré hecho cientos de sentadillas! Pero una cosa tengo clarísima: si hubiera tenido que hacer estiramientos con los brazos en alto para rozar (¡tan solo con la yema de un dedo!) a mi padre -que desde el cielo me decía que ya llevaba los pies mojados demasiado rato "i els constipats entren pels peus”-, sin duda hubiera hecho, no cientos sino millones.



Este post va también por ti, papá. Casi va a hacer 6 meses que nos dejaste y parece que fue ayer.