domingo, 3 de julio de 2016

Vacaciones blogueras

¿No dicen que una imagen vale más que mil palabras?  Pues con ésta me despido de tod@s hasta septiembre.
¡Disfrutad!

lunes, 20 de junio de 2016

"All in"



Así empieza esta turbadora novela de Javier Gimeno, de quien he leído que es un diplomado en biblioteconomía y documentación, que trabaja en el metro de Madrid y cuya gran pasión es escribir cuando el tiempo se lo permite.
Habiendo
r
esultado ganador de algún premio en relatos cortos, se decidió con algo más largo y, de ahí, esta novela.

Para mi fue un placer que me la enviara invitándome a reseñarla, cosa que tuve  a bien y que aquí os traigo.

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Primeramente confesaré que empecé la novela muy motivada por varias cosas: el ofrecimiento de Javier Gimeno (es la primera vez que recibo uno),  las primeras líneas de la misma (las habéis podido leer al inicio), el hecho de que no fuese muy larga (no llega a 200 páginas), así como que se encontrara dividida en muchos capítulos. Todo ello me satisfizo mucho.
Lo que, de entrada, no me gustó tanto (repito, de entrada) es que, en cada capítulo, la acción fuera dando saltos en el tiempo ni tampoco la cantidad de personajes que iban apareciendo en escena, pues estas "particularidades" (que, a la postre, resultaron ser las que hacen atractiva y diferente esta novela), me dificultaban 'conectar' y procesar todo lo que iba leyendo.

Sin embargo, había algo que me impedía rendirme y soltarla. Así que, tan pronto conseguí cogerle las riendas como si de un caballito desbocado se tratara, mi deseo de llegar a la meta o desenlace, era directamente proporcional al lío que, en un principio, tenía montado en mi cabeza. 

Y cuando llegué ¿sabéis qué hice? volví a empezar su lectura con más ganas aún de galopar en ella, esta vez observando más lo que me encontré por el camino, o sea, acabando de perfilar personajes, trama y sensaciones. La ruta me resultó asombrosa, por lo bien diseñada que estaba y por lo ensambladas que resultaron estar todas las piezas.

En cuanto al lenguaje, se caracteriza simplemente por ser corriente, por su sencilla prosa ausente de complicadas construcciones y sin más tecnicismos que los estrictamente necesarios.

La sinopsis está en internet, pero no me agrada lo de copiar y pegar las escritas por el propio autor o por otros.
Por tanto, en palabras mías viene a decir que estamos ante una historia que evidencia cómo el ser humano puede llegar a descender a lo más ruín y tocar fondo, así como llegar a lo más alto y sentirse glorioso, siendo esto tanto su desdicha como su riqueza. 
También en la sinopsis se hace referencia a que el lector puede verse abocado a tomar partido por determinados comportamientos, erigiéndose así en juez de los hechos, algunos terribles, que van sucediendo.

Hubo algunos pasajes que me escandalizaron un poco, por qué no decirlo. Transcribiré algunas frases que no son ni las más fuertes ni las más brutas: 
-"una ráfaga de exceso de plomo le sacudió; sus tripas salieron de su interior. Madre e hijo contemplaron la dramática escena."

-"el olor que él tenía metido en su pituitaria, el olor a muerte".

Pero estoy aprendiendo gracias a una querida bloguera a leer y ver la violencia en las novelas y películas, respectivamente, como un elemento más sin el cual la trama, quizás, estaría exenta o escasa de contenido, o sin el cual algunos hechos no resultarían tremebundos. Al fin y al cabo no deja de ser ficción.
Y es esta violencia la que, en el caso que nos ocupa, desencadena una preparadísima venganza por parte de Daniel. Que te inflijan un daño irreparable a ti o a los tuyos saca la bestia que todos llevamos dentro, y como dijo el escritor argentino José Narosky: el daño físico lastima pero el espiritual desgarra. Aquí en la novela asistimos a ambos.

¿Quién es Daniel? Es el marido de Nora. Para mí, aunque intervengan muchos más personajes (algunos, "escoria humana" en su opinión precisamente), el principal es él.
Es una persona con un pasado imposible de olvidar; con un presente que, pudiendo ser de cuento de hadas al lado de su enamorada esposa, se torna un infierno del que no voy a desvelar nada; y con un futuro bastante prometedor en lo que se refiere a lo material, pero muy 'conformado' o resignado (es ésta la sensación que me dio) en cuanto a lo personal. 
Baste decir que la visión que de él tenían algunos era la de ser una persona joven arrollada por la misma vida.

A mí me gustó especialmente el Daniel pequeño que se plantea que "su madre no estaba 'así' porque le hubiese pasado algo a su padre, ni porque pensara que se había ido a comprar tabaco, como el padre de Lucas".
El Daniel consciente de que "con el póker algo se había desajustado en su cerebro y se había precipitado al vacío".
El Daniel enamorado que pregunta:
-Daniel: "¿Puedo besarte"?
-Nora: "Espera, quiero hacerte entender que (...). Ahora dame todos los besos que puedas".
El Daniel que, cuando vuelve a sonreír, lo hace "como si le costara, como si le doliese".
De soslayo se toca el tema de la amistad con Miguel por una parte, y con Alfredo por otra. 
Es importante la relación que traba con este último, que es un 'as' (válgame la expresión por lo que tiene aquí de apropiada) jugando al póker. De ahí que se oiga en la novela varias veces el vocablo "All in" que se usa en este juego y que da título a la misma.

Pese a todo lo dicho, no
 vayáis a pensar ni que Daniel es un santo ni que la temática principal es el póker.

Lo que sí podéis creer es que con esta novela de Javier Gimeno que recomendaría, he hecho un ejercicio mental fuera de lo que me tienen acostumbrada otras lecturas y he aprendido, además de alguna que otra jugada de póker, que fue Dante quien dijo la frase (lacerante pero certera frase) que figura en la imagen de abajo (y que la madre de Daniel quiso que nunca olvidara). 




lunes, 13 de junio de 2016

"El erizo"


Este post es el séptimo de la Sección Al alimón.

El libro & película en esta ocasión es:
"EL ERIZO"


"Me llamo Paloma y tengo 11 años. Vivo en un piso de ricos. Mis padres son ricos y mi hermana y yo somos virtualmente ricas. 
Cuando acabe el curso, dentro de 165 días me suicidaré".

Así con esta alarmante frase comienza esta película francesa del año 2009, dirigida por Mona Achache, y cuyo título original es "Le hérisson".  
Tiene una duración de 1 hora y 30 minutos, y está basada en el libro de Muriel Barbery llamado "La elegancia del erizo".  
Aquí tenéis la reseña que ha hecho Kirke del libro.

La protagonista principal es esa niña, Paloma, cuyo nombre resulta felizmente familiar en esta sección y que algo tiene que ver con otra niña cuyo nombre empieza también por P, que es mi sobrina Patricia, a quien me recordó la protagonista por su gran capacidad de raciocinio.

Tremendamente habilidosa, tenaz e imaginativa, liándose continuamente las gafas con el pelo, y dueña de unos gatos cuyos nombres ("Constitución" y "Parlamento") dan muestra del ambiente que respira en su casa, Paloma tiene clarísimo que el mundo de opulencia en el que se encuentra sumergida ella y su familia no es más que "una pecera a la que ella no va a ir".
Con una seguridad pasmosa afirma que "es una decisión madurada para cuando acabe el curso y ya tenga 12 años".

Su padre, que es un hombre importante, vive inmerso en la rutina de su trabajo, y de su madre basta que os diga que tiene una estrecha relación con los ansiolíticos, llegando a afirmar "nuestra hija apenas nos habla", cuando es ella la que consume su tiempo susurrando a sus plantas.

A su corta edad la niña considera que lo importante no es morir ni a la edad a la que te mueres, sino lo que estés haciendo en ese momento, por ejemplo escalar el Everest o...disponerse a amar. 
Su particular meta es hacer una película que demuestre que es absurdo pasar la vida como un pez y acabar en una bolsa de plástico.


Paloma filmando a la portera
En consecuencia, cámara de vídeo en ristre (y con especial gracia en ocasiones, pues filma a través de un vaso lleno de agua a la repipi de su hermana, -por cierto, llamada Colombe, que es Paloma en francés-, a la que saca de quicio con sus grabaciones), se lanza a buscar con auténtico empeño las razones para vivir que tienen los que le rodean, a la vez que intenta encontrar el sentido a su propia vida (eso sí, antes de que se acabe el curso).
 
Aunque no deja de hacer cosas "de niña" (hasta en dos ocasiones se imagina ella muriéndose, por ejemplo), se hace razonamientos como "aquí (en su casa) no se deja salir al gato y no se deja entrar a la portera". También se cuestiona el devenir de un pececillo rojo de su hermana (del que no diré nada más) afirmándose para sus adentros que "si tiene algún sentido (lo que le ocurre al pez) se me escapa por completo".

El personaje de Paloma aparece directamente relacionado con el de la señora Renée Michel, una portera viuda, discreta y solitaria, que se autoproclama bajita, fea y un poco salvaje, y que sólo sabe decir de sí misma que carece de estudios y que vive en un piso pequeño con un gato perezoso.
Parca en palabras y queriendo pasar inadvertida, Paloma intentará descubrir especialmente qué mueve a la señora Michel a vivir.

A la niña le recuerda a un erizo, por su fortaleza, "porque por fuera está cubierta de pinchos pero por dentro es refinada y terriblemente elegante, como ese animal indolente y enormemente solitario" (no es difícil, pues, adivinar de dónde procede el original título de la película). 

Para que os hagáis una idea de cómo es la señora Michel diré que su afición es la lectura y zampar chocolate mientras lee (sobre la misma mesa sobre la que acaba de pasar su gato León, -de León Tolstoi-, de quien es ferviente admiradora); jamás fue a la peluquería y cuando decide ir le resulta asombroso; jamás cenó con nadie, y tras cenar con alguien (su vecino Kakuro Ozu), se regaña a sí misma diciéndose: "vaya loca, ¿qué es lo que creías?".

De momento, como se puede apreciar, contrasta la actitud tierna y vivaracha de la niña, por un lado, y la actitud adusta y de total supervivencia de la portera, por otro.

Renée Michel  y Kakuro Ozu
Por último, el tercer personaje es el recién nombrado Kakuro Ozu, que es un japonés que acaba de mudarse al edificio y que es capaz de ver en la señora Michel a esa persona culta e inteligente que se esconde detrás de la portera. 
Enigmático donde los haya, piensa que Renée, a pesar de todo, siente curiosidad. En su propio cumpleaños le dice: "Sabía que Ud. tendría la sensatez de no regalarme nada", y se atreve a hacerle la siguiente confesión"Podemos ser amigos E INCLUSO todo lo que queramos".
 

La interpretación de esos tres personajes conforma un film todo lo amable y delicado que puede llegar a ser el cine francés.

Destacables son, también, la música que suena y las siguientes frases que apunté:
- Paloma: "Todos somos erizos en la vida y en la mayoría de los casos carecemos de elegancia".
-Renée: "¿Habría sabido convertir una vida en algo distinto a lo que me ha sido destinado?"
-Paloma: "Vida y muerte son consecuencia de una mala construcción y lo que cuenta es construir bien".
-Renée: "De pronto todo se detiene. Morir es eso. No volverás a ver a quienes amas y a quienes te aman. Si morir es eso, sí que es la tragedia que dicen todos. ¿De qué sirve morir si no es para no sufrir más?".
-Paloma: "¿Qué es lo bueno del chocolate? ¿el fundirlo en la boca o la técnica de la muela que lo tritura?".
-"La muerte es un suave resbalar hacia el descanso, es el más trivial de los hechos".

Para neutralizar lo funesto de algunas de las frases apuntaré un toque cómico que encontré en la película: una escena de Renée en el baño de Kakuro en el que, ante su asombro, le suena Mozart y en el que se encuentra con muchos botones que apretar, así como en el apuro de no saber abrir el cerrojo (ni siquiera las personas elegantes escapan a pequeños contratiempos como estos). 

Para terminar, os dejo un vídeo casero en el que aparece una escena con dibujos que también dan una idea aproximada de la esencia que tiene esta preciosa y reflexiva película.

video