Hoy, antes de venir a trabajar, un amigo me ha dado una mala noticia: ha fallecido esta madrugada una chica que conocía.
La conocía no solo en persona, sino también a través de otra gente.
Era la mujer de un chico de mi edad con el que jugué muchas largas tardes de verano cuando éramos niños, porque residíamos en la misma zona.
La conocía no solo en persona, sino también a través de otra gente.
Era la mujer de un chico de mi edad con el que jugué muchas largas tardes de verano cuando éramos niños, porque residíamos en la misma zona.
Era hermana de una chica que iba un curso por delante del mío y con la que coincidí, por un lado en un concurso de redacción (patrocinado por aquel entonces por Coca-Cola) y que ambas ganamos y, por otro lado, en unas oposiciones a un Ayuntamiento de un pueblo cercano al mío, donde ella estuvo como miembro de tribunal (o como Presidenta, no lo recuerdo bien), y yo de sufrida opositora. Me inspiró mucha confianza verla allí.

Era hermana, también, de un chico, ejemplar donde los haya, que fue profesor en el Instituto en el que trabajo, con el que me llevé de maravilla y al que le guardo mucho cariño. He de añadir que ella también era profesora.
Era mamá de un apreciado amiguito de mi sobrino Juanvi, y al que ví en alguna ocasión en casa de mi hermana, junto con otros niños.
Era cuñada de un hermano de mi amigo R., con el que tenía una excelente relación. De hecho, pasaron la noche de fin de año juntos, también con otra amiga mía, P.
Esa noche yo cené con otr@s amig@s, pero luego nos reunimos, la ví y estaba tan guapa que se lo dije.
Pero, sobre todo, por lo que conocí de ella, era una chica buena, que es lo mejor que se puede decir de una persona, y supongo que eso es lo que me ha inspirado a escribir esto, así, sobre la marcha y sin pensar mucho lo que digo.
Mis amig@s y yo estuvimos la pasada Pascua en su casa, haciéndoles una visita por la tarde, a ella y a quienes se encontraban ese día pasando el día con ella.
Entonces parecía sentirse bien y se desvivió porque estuviéramos a gusto y cómodos, y no nos faltara de nada.
Entonces parecía sentirse bien y se desvivió porque estuviéramos a gusto y cómodos, y no nos faltara de nada.
Es el último recuerdo que tengo de ella y la imagen con que la que me voy a quedar.








